3 motivos imprescindibles para hacer turismo en Nueva Zelanda
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Cuando se pregunta a cualquier aficionado a viajar por qué le gustaría conocer Nueva Zelanda o si querría repetir visita en el caso de que ya haya pisado suelo kiwi, las razones se amontonan. La naturaleza, los paisajes, la cultura o la gastronomía son algunos de los principales argumentos para amar al país de los All Blacks, por otra parte grandes embajadores de la cultura neozelandesa. El turismo en Nueva Zelanda es una experiencia para toda la vida y es siempre irrepetible, porque siempre vuelve a sorprender, incluso a los viajeros más curtidos. Reunimos aquí 5 razones concretas para descubrir un país asombroso. No son las únicas, ni mucho menos, pero sí son nuestras favoritas.

1. Naturaleza como nunca la has visto antes

Glaciar Nueva Zelanda

Nueva Zelanda es, por su particular localización geográfica y la historia de su colonización tardía, un espacio singular en el mundo. En ella verás cosas que, simplemente, son inconcebibles en otras latitudes del mundo. Especies de animales endémicas, una asombrosa flora y numerosos paisajes que aúnan todo ello. La naturaleza en su más espectacular expresión. De la península de Coromandel, repleta de senderos y rutas desde las que se puede contemplar la costa, hasta el monte Cook, un pico sagrado para la cultura maorí y que entronca con sus ancestros, el turismo en Nueva Zelanda es una caja de sorpresas.

Te recomendamos que visites el glaciar Franz Josef, en la costa oeste de la Isla Sur, y si puedes incluso te apuntes a una actividad de espeleología en él o lo conozcas desde el aire en helicóptero. Te están esperando también las 350.000 hectáreas del Mount Aspiring National Park y el volcán Taranaki, en el Egmont National Park. Si lo tuyo es el esquí, no dejes pasar la oportunidad de descubrir el Tongariro National Park, en el corazón de la Isla Norte. En Whangarei, una ciudad costera de clima subtropical localizada en la parte más alta de la isla Norte, podrás contemplar el monte Parahaki, que durante años acogió la aldea fortificada maorí de mayores dimensiones de todo el país.

2. La cultura más abierta e integradora

Maori Nueva Zelanda

Si te hablan de un país en el que no solo se respeta la forma de vida y la cultura de las minorías étnicas, sino que éstas se han convertido en un emblema de la nación, no pueden estar hablándote de otro lugar que no sea Nueva Zelanda. Allí los maoríes cuentan con sus propias escuelas, ven protegidas sus costumbres y tienen representación política en el parlamento. Tampoco es casual su elevada presencia en deportes considerados como símbolos del país, en especial el rugby. Por supuesto, en un país tan diverso y con tantas influencias, es habitual que se celebren manifestaciones culturales de la más variada índole. Desde conciertos de música folk británica hasta galerías de arte al aire libre, todo tiene cabida. Merecen mención especial el Auckland Folk Festival, que tiene lugar en enero, o la Bienal de Jazz de Wellington. Los amantes de la gastronomía, y sobre todo de los buenos vinos, tienen una visita obligada en el Marlboough Food & Wine Festival que tiene lugar en Blenheim (Isla Norte) en febrero.

El Festival de Invierno de Queenstown es otra de esas citas ineludibles. Si por fechas no coincides con alguno de estos eventos, no dejes de asistir a la representación de una haka maorí, el baile tribal que los miembros de esta etnia utilizaban para intimidar a su rivales antes de entrar en batalla. En cada ciudad y pueblo neozelandés se aprecia una gran diversidad cultural. Es el caso de Auckland, de Wellington, de Christchurch o de Tauranga, pero también de otros lugares más pequeños como Taupo, Nelson o Napier. No dejes pasar la ocasión de conocer, en el mismo lugar, a gentes de muy diversos rasgos y formas de entender la vida, es una de esas riquezas que llevarás contigo siempre y que más recordarás de la experiencia de hacer turismo en Nueva Zelanda.

3. Una gastronomía que es una confluencia de identidades

Gastronomia Nueva Zelanda

La gastronomía de Nueva Zelanda se sitúa en el punto en el que se encuentran la gastronomía británica, asiática, maorí y polinesia. Solo de esa confluencia de ingredientes y formas de cocinar pueden salir platos como el goose, un asado de pierna de cordero que hace las delicias de todos los amantes de la carne. O la tarta pavlova, que aunque tiene defensores y detractores se ha asentado como el postre más representativo del país y no puede faltar al final del menú para cualquiera que haga turismo en Nueva Zelanda.

Otro de esos platos que hay que degustar sí o sí es el hangi, cuya preparación deja con la boca abierta a todos lo que contemplan el proceso por primera vez. Se cocina colocando el plato encima de unas piedras calientes que a su vez se colocan en un agujero en el suelo. Ese calor va guisando, poco a poco y durante horas, la carne o el pescado. La técnica se debe a los maorís, que a lo largo de más de dos milenios perfeccionaron una forma única de cocinar. Como no podía ser de otra manera en un país compuesto por dos islas, los pescados y el marisco fresco tienen un enorme protagonismo; la langosta, las ostras, los mejillones, las vieiras o el salmón no faltan en el día a día.

¿Has oído hablar de los vinos de Nueva Zelanda? Si no es así, abre bien los oídos, y sobre todo prepara tus papilas gustativas para degustar un verdadero manjar. Los viñedos de regiones como Hawkes Bay, Marlborough, Mangere o la isla Waiheke producen uvas que cada año ofrecen excelentes caldos. Puedes realizar visitas guiadas en muchas bodegas y conocer en profundidad cómo es el proceso de elaboración de unos vinos que desde hace años han alcanzado celebridad mundial.

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