Cada experiencia en el extranjero es diferente, pero al mismo tiempo, hay sentimientos que todos compartimos al volver. Son difíciles de describir con palabras. A menudo son íntimos y solo los podrá entender una persona que haya vivido algo parecido. Es aquello que sientes cuando vuelves de vivir en el extranjero:

1 -Redescubres tu ciudad

Llevabas toda tu vida viviendo allí y sin embargo, ahora parece un lugar nuevo, renovado. En verdad sabes que la ciudad sigue igual. El que está diferente eres tú.

Te apetecerá volver a recorrer sus calles, visitar lugares conocidos y descubrir otros nuevos que no existían cuando te marchaste.

 

2 – Valoras mucho más tu cultura

Vivir en el extranjero nos permite descubrir otras maneras de pensar y de ver el mundo. Pero también nos permite ver nuestros orígenes con otra perspectiva. Valorar lo bueno y hacer crítica constructiva ante lo que vemos mejorable.

También nos permite ser más conscientes de los clichés y estereotipos que existen sobre nuestra propia cultura y sobre la de los demás. Conocer, comparar, y hacernos una nueva identididad fruto de la mezcla de lo que forma parte de nuestra cultura con lo que conocimos de otras culturas. La fusión y el mestizaje nos hace más ricos!

3 – Oh esa comida… la echaba de menos!

Una de las cosas que echamos más de menos cuando vivimos un tiempo fuera es algunos platos y bebidas que no los podrás probar igual si no estás en casa.

Los platos de tu madre o de tu abuela, los ingredientes y productos de proximidad, esos sabores que son difíciles de repetir y que te transportan a casa con solo cerrar los ojos.

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4 – Eres el mismo pero eres también otra persona

Pasar un tiempo fuera nos cambia y a veces no lo notamos hasta que volvemos. En la mayoría de los casos no será inmediato sino que poco a poco te vas dando cuenta de lo que ha suponido para ti esa experiencia y cómo te ha cambiado.

Eres el mismo en esencia quizás, pero muchas cosas en ti han cambiado. No eres mejor ni peor, eres diferente. Eres tú con más experiencias, más personas que forman parte de tu vida y una visión más completa del mundo y la vida.

Quizás sientas que ya no encajas en algunos ambientes y que en cambio te sientes más cómodo en otros que antes desconocías. Quizás necesites un periodo de adaptación y dibujar un nuevo encaje con lo que te rodea.

5 -Tienes ganas de conocer gente nueva

Otro de los efectos de vivir una experiencia en el extranjero es que aumenta tu sociabilidad. Pierdes el miedo a relacionarte, superas la verguenza. La gente que está por conocer pasan de ser extraños a personas superinteresantes que están por descubrir y que no sabes qué te aportarán o qué les podrás aportar tú.

Podrán ser tus nuevos mejores amigos, el amor de tu vida, un compañero de solo una noche o de un fin de semana… habrá personas que te marcarán para siempre y otras que olvidarás fácilmente.

Pero todo ello influenciará tus hábitos sociales y al volver, te hará una persona más abierta y con ganas de extender tu red social más allá de los círculos de amigos y familia de toda la vida.

6 -Ya no dejarás nunca de pensar

Aunque depende del momento vital de cada uno, una vez pruebas lo que se siente viviendo en el extranjero, el deseo de volver a esa aventura te acompaña toda la vida.

Puede que hayas cerrado una etapa y te apetezca echar raíces o un tiempo de tranquilidad, pero el espíritu aventurero, las ganas de conocer cosas diferente y esa emoción de empezar de cero en otra parte, te acompañan y pasan a ser parte de ti.

Existe un sentimiento compartido que une a todas aquellas personas que han vivido en el extranjero. Da igual si viviste en el país de al lado, si pasaste 6 meses o 3 años fuera, hay sensaciones que uno solo puede explicar y compartir con quien también lo ha vivido.

Y si en algo coincidirán todos los que lo hicieron, es en que valió la pena.

 

Solo nos arrepentimos de las decisiones que no tomamos. Vive tu propia aventura

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