Recuerdo perfectamente el día en que decidí rotundamente ir a California, los motivos eran incalculables.

Estaba en la universidad y mis expectativas de verano eran la de todos, hacer las prácticas obligatorias en julio y descansar en agosto.

Ese día había una charla de una empresa que se presentaba en Bilbao, Growpro Experience y el nombre llamaba por sí mismo la atención ya que era diferente a las típicas charlas a las que teníamos que asistir.

Viajar, como escape a lo cotidiano

No puedo explicar mi sensación al terminar dicha presentación, pero ya me imaginaba en California y nadie podía cambiarme esa mentalidad. Por lo que me puse en contacto con ellos y nos pusimos en marcha.

Sentí que iba a tomar distancia con lo cotidiano y la rutina de cada verano y no había algo que atrajese tanto mi atención.

Me daban igual las horas de vuelo y las escalas, solo quería llegar. Fui completamente sola y eso aún me hacía sentir mejor.  Al llegar allí, ya veía el skyline de San Diego, todo lleno de palmeras, estaba alucinando, como una niña.

Mix de diferentes culturas

Tan rápido como empecé el curso de inglés en la escuela de Stafford House ya hicimos piña y es alucinante lo increíble que es conocer gente de otros países y tener que lidiar con sus culturas, sus expresiones, su mentalidad y todo.

No había ningún español y eso era aun mas gratificante: tener que adaptarme y no aferrarme a alguien de mi mismo país.

Mis amigos eran de muchos sitios diferentes, de Brasil, la mayoría, Colombia, Suiza, Italia, Corea, Turquía… Se han convertido en una familia con la que he compartido esta pasión de vivir y de viajar, de conocer y experimentar.

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La esencia de San Diego

San Diego, qué decir de San Diego. Siempre hay algo que hacer, quedarte una tarde echando la siesta era un pecado. 

Viajamos a cada rincón, adoré cada palmera y la sensación de estar en el paraíso pero sintiendo que también estaba en una ciudad. Estabas en el centro, disfrutando del barrio histórico, con altos edificios pero también con casas que te llevaban a siglos anteriores, restaurantes de lo más modernos o aquellos que en cuanto te adentrabas parecía que estabas en una película.

Pero luego, cogías el transporte y llegabas en un abrir y cerrar de ojos a playas espectaculares, arena brillante, bares increíbles, y qué deciros de los atardeceres, sin palabras.

No había plan mejor que ir a la playa e ir a uno de los millones de bares con vistas al mar que hay, disfrutar de un increíble atardecer (de esos que por muchos que veas, nunca cansan) y luego disfrutar de la noche californiana.

Por eso digo que era paraíso, tenías todo, los dos extremos, tenías ciudad, tenías montaña y tenías las mejores playas que he visto a punta pala.

Esas fotos de Google de palmeras y cielos increíbles, sí amigos, ni yo me las creía pero ahora ya ni lo dudo,

Aprovechando los al rededores

Además de San Diego, tuve la oportunidad de aprovechar cada fin de semana para conocer sus al rededores.

Las Vegas, Gran Cañón, Los Ángeles… así que no  hay que perder el tiempo y limitarte a solo una ciudad.

No hay mes en el que me haya sentido tan realizada y no hay mes que eche tanto de menos.

Viajar enriquece, te fortalece y te alimenta las ganas de seguir haciéndolo. No podría haber elegido un destino mejor para un agosto que en un principio iba a ser de lo más normal.

Ya estoy pensando mi siguiente destino, pero desde luego que me quiero recorrer California entera.

Os animo a todos a que borréis de vuestra mente ese típico ‘’más adelante iré’’ y lo convirtáis en ‘’ahora’’ y hacer frente al miedo que suscita el cambio.

Y si estáis dudando en si es si o no, os recomiendo que no lo penséis dos veces, el primer impulso siempre es la mejor opción. Solo hay que empezar por informarse.

LIVE WITH NO EXCUSES, TRAVEL WITH NO REGRETS.

Irene