Experiencia personal | Vancouver, un lugar único y acogedor para vivir
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¡Hola! Me llamo Rebeca Martínez, tengo 31 años y aunque ahora vivo en Madrid, soy de Valencia. Estudié Marketing y trabajo en Live Nation, una promotora musical y en este artículo quiero contaros mi experiencia en Canadá.

Mi amor platónico con Vancouver viene de casi cuatro años atrás. Dicen que cada siete años vivimos una época de crisis existencial. A finales de 2013, al volver de un viaje a Cuba por trabajo, llegó la mía. Después de siete años dejó de motivarme lo que hacía y una semana después de regresar de ese viaje dejé mi empresa y decidí tomarme unos meses sabáticos para volver a re-conectar conmigo misma.

¿Dónde me voy?

Para empezar, decidí que era un buen momento para vivir una aventura de unos tres meses fuera. El plan lo tenía claro: sola, lejos, y ya que estamos, que me permitiera mejorar mi inglés.

Descarté Inglaterra por cercanía, Los Ángeles, San Francisco y Nueva York porque cada dos pasos tienes a alguien hablando en español. Australia no me motivaba. Canadá quedó en primer lugar: me hablaban maravillas de Toronto, pero algo me decía que Vancouver tenía algo especial.

Empecé 2014 haciendo maletas y allá que me fui.

Me compré los billetes rápidamente.

Todo fue fácil

  • Al no estar más de tres meses no necesitaba visado.
  • Tras investigar conseguí lo que quería: un hotel que cuando estás más de 30 días pasa a ser formato residencia, con habitación propia y la libertad de no depender de nada y mantener esa independencia que quería en mi aventura. Mi pequeño hogar canadiense era acogedor, perfecto y con vistas al estadio de los Canucks.
  • Con las academias de inglés me pasó lo mismo: tras bucear en opiniones varias, me quedé con ILAC. No me equivoqué: la recomiendo y recomendaré una y mil veces.

Y llegó el momento

Preparé una maleta con lo justo para pasar unos meses libre de cualquier peso. Aterricé emocionada, llegué a mi habitación y me sentí en casa. Era de noche pero me baje rápidamente a inspeccionar la zona. Mi nuevo barrio.

Canada

Apenas dormí esa noche y a las 8 de la mañana, aunque llovía sin parar ya estaba camino a Standley Park. Esa misma noche fui a ver el concierto de Imagine Dragons, frente a casa, en Rogers Arena.

Mi primera semana fue un no parar, descubrir Downtown de punta a punta: dónde comer, dónde comprar, dónde pasear, las sesiones de Jazz de los miércoles en Guilt & Company, esa playa mágica de Wreck Beach, dónde tomar esa cerveza de la tarde, probé varios estudios de yoga, el pasar horas muchas tardes sentada en la grada de la piscina del Aquatic Centre embobada viendo a la gente saltar desde esos enormes trampolines.

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En unos días había conocido a varias personas y el viernes ya hicimos las primeras copas en mi habitación. Después me llevaron a Roxy Club. Perdición: ya no salí de ahí un solo fin de semana.

Todo pasó rápido: empecé las clases, donde conocí a gente de todas partes: Corea, Japón, Brasil, Cuba, Venezuela, Francia. Con muchos de ellos sigo en contacto a menudo. Mi academia tenía actividades diarias después de clase y todo eran buenos planes, así que no me perdía ni uno.

La temporada fue de enero a marzo, meses de frío, lluvia y nieve en la ciudad. Aproveché para conocer los alrededores y para subir a esquiar a las pistas cercanas a la ciudad. La imagen te deja sin palabras mientras bajas la montaña viendo el mar.

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Algunas de las cosas que más me sorprendieron

  • Lo increíblemente amables que son los canadienses. Ellos. Su manera de pensar. Su manera de actuar. Otro nivel en todos los sentidos.
  • Ese momento en el que estás en la caja del supermercado y el cajero/a te pregunta: ¿Qué tal ha ido el día? Y entabla contigo una conversación, y con el siguiente, y con el que viene después.
  • El compromiso con cuidarse: llueva, nieve o truene, ves gente en la calle saliendo a correr y haciendo deporte.
  • Ese momento en el que te subes al autobús, no te enteras de que tienes que llevar el dinero justo y el conductor te dice: No te preocupes, el próximo día. O cuando la gente va bajando y grita desde la otra parte para despedirse del conductor. ¡Uno tras otro!
  • Cómo se trata a los adictos a las drogas, marginados y sin techo: en Canadá es un problema muy grande se trata de una parte considerable de la población. El respeto y el compromiso es máximo: para ellos son enfermos de la sociedad.
  • Que el 70% de los supermercados son de alimentación ecológica.

 

Podría contar una y mil historias.

Pero llegó el momento de volver. Hicimos una fiesta de despedida con más de cuarenta personas que había conocido en el camino. Fuimos a Roxy ¡y el cantante del grupo de los sábados que ya me conocía me subió a cantar con él: “I will wait for you!” Lloré sin parar.

En la última noche en Vancouver fuimos varios amigos a ver a Neil Fraham: piano, él y una noche mágica.

Fué sentarme delante de la puerta de embarque y llorar ahogándome. Llegué a España y mi única obsesión era conseguir la Working Holiday Visa para poder volver. El siguiente año no lo conseguí. Por diversas cirscunstancias no lo he vuelto a intentar, pero siempre será mi puerta abierta. Mientras hago de embajadora: ya son varios los amigos que han acabado en Vancouver tras mi insistencia de que es un lugar único. Entre ellos, Olga Sastre 😉

Hoy justo hace un año volví por vacaciones durante 14 días. Fue como volver a casa. .. Esa casa a la que nunca dejaré de volver.

Vancouver es una de las ciudades más Eco-Friendly del planeta, un excelente lugar para conocer movimientos artísticos de vanguardia, probar una auténtica gastronomía y entender una lectura amigable de los pueblos originarios de la región. La ciudad ofrece cientos de espacios naturales inmejorables, entre el océano y la montaña, para practicar el turismo de aventura, y es una de las urbes más amigables y diversas del planeta.

Todo el que la conoce, quiere volver de nuevo.

Rebeca.

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