Experiencia personal | Salir adelante en Australia, meta cumplida
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¡Hola! Soy Sara y ya han pasado 3 meses desde que llegué a Australia.

¿El motivo? Mis días en mi querida Barcelona se parecían excesivamente al anterior. Necesitaba un reto nuevo, una motivación, algo diferente, algo más.

Decidí irme a vivir fuera una temporada, lejos, yo sola.

Buscaba un país de habla inglesa con muchos días de sol y pensé en Australia.

 

Cambié el mar por el océano y acabé en Sydney, concretamente en Bondi; un suburbio muy tranquilo pero con mucha vida, donde la gente te sonríe por la calle y los surferos son parte del paisaje.

 

¿Mi primer dolor de cabeza? Encontrar un hogar. Sólo durante el primer mes viví en tres sitios distintos.

En el primer piso que alquilé conviví con una pareja inglesa. Eran muy agradables pero nunca estaban en casa y me sentía bastante sola. Además la casa estaba muy mal aislada, un problema generalizado en las viviendas de este país. Nunca había pasado tanto frío… ¡Y ya era primavera!

Luego me mudé a una residencia de estudiantes, estaba cerca de mi escuela de inglés y pensé que sería una buena oportunidad para conocer gente. Pues bien, los primeros días fueron una pesadilla. La ducha estaba estropeada, la cocina era viejísima y la mayoría de veces la luz no funcionaba, así que había que cocinar a oscuras. Y cómo olvidar el ruido de la nevera que tenía en la habitación que se descongelaba cada 30 minutos y me desvelaba tres o cuatro veces cada noche…

Actualmente vivo con una señora australiana. Es una señora muy peculiar, maniática pero entrañable al mismo tiempo. Lo mejor es que respeta mucho mi espacio, el precio del alquiler no es desorbitado (algo difícil de encontrar en Bondi) y lo puedo llamar hogar.

 

¿Mi segundo dolor de cabeza? Encontrar un trabajo.

Eso de encontrar trabajo el primer día no es una leyenda urbana, a veces pasa, pero no es lo habitual. Y si buscas trabajo en algo más que no sea de camarero la cosa se complica, la visa de estudiante y el horario de la escuela de inglés te limitan mucho.

Yo empecé a trabajar después de dos meses. Reconozco que el primer mes me lo tomé con calma (la búsqueda de piso era mi preocupación principal). El segundo mes me puse a buscar en serio al ver lo rápido que desaparecían mis ahorros.

Al final encontré trabajo en uno de los mejores hoteles de Sydney. Como me dijeron en un proceso de selección (en el que no me seleccionaron): Good things come to those who wait! Si quieres salir adelante en Australia, tienes que ser paciente, esperar tu oportunidad y lanzarte a por ella!

 

A día de hoy aún no sé qué haré cuando caduque mi visa. No tengo prisa por volver a Barcelona porque, hoy por hoy, no quiero retomar la carrera profesional que dejé. Irte a otro país te ayuda a tomar decisiones, te enseña nuevas alternativas. Siempre se está a tiempo de cambiar de rumbo.

No saber qué va a ser de ti es muy angustioso pero fantástico a la vez. Es un punto en el que cualquier cosa puede pasar. Tu futuro cambiará radicalmente en función de las decisiones que tomes, del destino y la suerte.