Nueva Zelanda y el turismo de las grandes emociones

El turismo experiencial es la última revolución en el mundo de los viajes. Cuando el viajero tiene acceso a tanta información como ahora sobre el destino, éste tiene que ir un paso más allá y, no solo sorprenderle, sino también dejar en él un recuerdo imborrable. De los que se transmiten con emoción desbordante a familiares y amigos. Nueva Zelanda y el turismo de las grandes emociones parecen hechos el uno para el otro. La nación de los All Blacks ha sido una fuente constante de asombro, desde que los maoríes llegaran a sus costas a bordo de sus embarcaciones en el siglo X. Hoy, miles de viajeros siguen sorprendiéndose con sus encantos, y no es para menos. Te explicamos por qué.

 

Naturaleza en estado puro

Con sus reservas naturales y los 14 parques nacionales con los que cuenta, Nueva Zelanda es un paraíso para los apasionados de los espacios al aire libre, la flora y la fauna.

  • Parques naturales. El Egmont National Park, con el volcán Taranaki como gran protagonista, y el Mount Aspiring National Park, el más grande de todo el país con sus 350.000 hectáreas, son dos de los más destacados. Los parques son un imán para los que entienden el turismo como una oportunidad de practicar sus deportes favoritos, incluido el alpinismo o el senderismo. Otros parques únicos son el Kahurangi National Park, el Tongariro National Park (idóneo para el esquí) o el Mount Cook National Park.

 

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  • La península de Coromandel ofrece rutas inigualables en paralelo a la costa, mientras que el glaciar Franz Josef brinda la oportunidad de practicar la espeleología en uno de los de glaciares más próximos al océano que se conocen en el mundo. El monte Cook, el más importante para los maoríes, merece una visita de al menos una jornada completa.

 

El pequeño gran secreto de la gastronomía neozelandesa

No son muchos los viajeros que, antes de pisar el suelo del país, pueden nombrar algún plato típico de Nueva Zelanda. Y, sin embargo, todos se van con el recuerdo único de unos cuantos. Es difícil encontrar un lugar en el mundo en el que sobre la mesa se aprecien tantas influencias; asiática, europea, polinesia y maorí. Es tan habitual encontrar en una carta los ingleses fish and chips como degustar el hangi de acuerdo con la tradición maorí. Éste último consiste en un preparado de carne o pescado que se cocina excavando un agujero en el suelo y colocando el alimento encima de unas piedras candentes que se ubican en él. El plato se rodea de vegetación y se cocina durante varias horas. Otro plato típico es la colonial goose, una asado de pierna de cordero, y el postre más característico es la tarta pavlova. No hay que dejar de lados los excelentes vinos neozelandeses, con Marlborough y Hawkes Bay como regiones con los viñedos más afamados.

 

La cultura, el mayor reclamo

La cultura es en Nueva Zelanda todo un estilo de vida. Los neozelandeses, sobre todo en los núcleos de población de tamaño mediano y grande, están habituados a asistir a conciertos de música, espectáculos teatrales o galerías de arte. Pero la cultura no se queda encerrada en los museos, sino que se aprecia en la misma calle, en la que es común que se celebren actuaciones en directo y mercados de arte. En enero tiene lugar el Auckland Folk Festival, y en febrero el New Zealand International Arts Festival. También dedicado a la cultura está el Festival de Invierno de Queenstown. A todo ello hay que sumar atracciones como las danzas maoríes (la más célebre de todas ellas es la haka, el baile de guerra tribal de esta etnia).

 

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Laura GrowPro
Laura GrowPro
Inquieta, viajera, siempre con hambre por vivir nuevas experiencias y ver mundo. ¡Solo nos arrepentimos de las decisiones que no tomamos así que viaja mientras puedas!
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